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REGIÓN E IDIOMA
Ubicado en las colinas de Córdoba, Aguas de Villaharta es un lugar donde se puede sentir la historia.
Fundado originalmente en el siglo XIX, cuando el ingeniero civil Elías Cervelló y Chinesta descubrió las aguas termales curativas de la zona, el lugar se convirtió en el hogar del balneario Fuente Agria.
En 1950 fue adquirido por José Doval Galán y permaneció en la familia durante décadas. Cuando los actuales propietarios asumieron la propiedad en 2015, se encontraron con un espacio lleno de historia, pero que necesitaba una restauración completa.
Lo que encontraron fueron edificios marcados por el paso del tiempo: frágiles, pero llenos de carácter. Con una visión clara y un profundo respeto por el pasado, comenzaron a reconstruir lentamente, trabajando con lo que ya existía en lugar de sustituirlo.
© Aguas de Villaharta
© Aguas de Villaharta
La arquitectura original sigue presente en todo el conjunto: techos de madera, gruesos muros de mampostería y materiales naturales que definen el espacio. En lugar de contrastarlo con algo nuevo, el enfoque fue crear un equilibrio silencioso entre lo antiguo y lo nuevo.
MAS MAYA pasó a formar parte de este proceso durante la fase de diseño. Su composición mineral ofrecía una manera de modernizar el espacio sin perder su esencia.
En una estructura sin cimentaciones modernas, donde la transpirabilidad es esencial, también proporcionó una solución práctica: ayudando a regular la humedad mientras respeta el comportamiento natural del edificio.
Aplicado tanto en paredes como en suelos, MAS MAYA aporta continuidad a los interiores. Su acabado suave y natural convive con naturalidad junto al acero corten, la madera envejecida y la piedra local. El resultado es cohesionado, sereno y arraigado.
© Aguas de Villaharta
© Aguas de Villaharta
Al recorrer el espacio, se percibe que cuenta una historia. El pasado sigue visible en la arquitectura, mientras el material aporta una capa silenciosa de claridad y refinamiento.
Nada resulta excesivo. El equilibrio es natural.
Incluso las pequeñas imperfecciones—finas grietas que aparecen con el tiempo a medida que la estructura se mueve—contribuyen a esta sensación. Reflejan la vida del edificio, en lugar de restarle valor.
Hoy, Aguas de Villaharta alberga un restaurante que encarna por completo esta filosofía. El espacio se siente inesperado y profundamente arraigado—un entorno donde los visitantes encuentran no solo diseño, sino atmósfera.
Al entrar, se percibe una sensación de descubrimiento, un cambio sutil en la percepción moldeado por el material, la luz y la proporción.
© Aguas de Villaharta
© Aguas de Villaharta
Hoy, Aguas de Villaharta alberga un restaurante que encarna por completo esta filosofía. El espacio se percibe a la vez inesperado y profundamente arraigado: un entorno donde los visitantes no solo encuentran diseño, sino atmósfera. Al entrar, se despierta una sensación de descubrimiento, un cambio silencioso en la percepción moldeado por el material, la luz y la proporción.
Detrás de todo ello hay un proceso definido por la constancia y la evolución. El proyecto nunca ha estado “terminado” en el sentido convencional; continúa creciendo, adaptándose y refinándose con el tiempo. Cada decisión, cada ajuste—por pequeño que sea—contribuye a una narrativa mayor.
Para MAS MAYA, Villaharta es más que una obra finalizada. Es una demostración de lo que puede surgir cuando el material no se entiende como una superficie, sino como sustancia: cuando acompaña no solo cómo se ve un espacio, sino cómo se vive.
Aquí, la arquitectura no trata de la perfección. Trata de la presencia.
Para más información, visita:
aguasdevillaharta.com
@aguas_de_villaharta